Desde tiempos inmemoriales nace el agua en este lugar; agua que proviene de los deshielos del volcán, por lo que su temperatura es muy fria.
Esta zona fue muy apreciada, desde la época prehispánica se hacían rituales en el río, después a la llegada del segundo Imperio, Maximiliano de Habsburgo mandó construir los estanques que hasta ahora perduran para tener criaderos de truchas, que necesitan agua corriente y a temperatura adecuada.
Posteriormente estas aguas sirvieron para el florecimiento de las haciendas de San Gaspar y de Dolores.